
Me imagino que a estas alturas Lindsay Lohan debe estar enfadada no, enfadadísima. Y es que una orden judicial ha dictado que va a tener que llevar puesta una pulsera para saber si bebe alcohol o no, y una vez a la semana se tendrá que someter a controles aleatorios de drogas.
Todo esto, a cambio de no entrar en la cárcel. Y es que después de comparecer ante la Corte Superior de Beverly Hills (después de dar plantón el pasado jueves en la vista para revisar su caso por conducir ebria hace tres años, con sus consiguientes excusas), se ha tomado esta decisión.
Y es que encima hace nada la hemos visto más que pasada de copas en Cannes, donde volvió a montar un numerito de los suyos. Pues nada, parece que ahora, quiera o no, se va a tener que reformar un poco. Desde luego, no hay duda de que le vendrá muy bien.
Foto de zimbio







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